En un mensaje de fondo político hacia el interior del partido y de cara a los comicios de 2027, Ariadna Montiel asumió la presidencia nacional de Morena con un llamado insistente a la unidad del movimiento, pero también con una advertencia tajante: en el partido “no tienen cabida los corruptos” y quienes aspiren a una candidatura deberán contar con una trayectoria “impecable”.
Electa por unanimidad de los mil 830 congresistas durante el VIII Congreso Extraordinario, realizado en el World Trade Center, Montiel tomó las riendas del partido en sustitución de Luisa María Alcalde, en un contexto de consolidación del llamado segundo piso de la Cuarta Transformación y ante lo que definió como una “ofensiva permanente” contra el proyecto político.
Desde la tribuna, la nueva dirigente delineó el eje de su liderazgo: cohesión interna y disciplina ética.
“Hoy más que nunca debemos mantenernos firmes y unidos en torno a este proyecto de nación”, sostuvo, al reiterar que la fortaleza de Morena radica en su vínculo con el pueblo y en su historia de lucha.
Montiel evocó el origen del movimiento junto a Andrés Manuel López Obrador, las movilizaciones contra el desafuero, los fraudes electorales y las reformas estructurales del periodo neoliberal, para subrayar que Morena “nació de la resistencia” y que esa identidad debe preservarse frente a los retos actuales.
Sin embargo, el tono del discurso cambió hacia un mensaje más directo hacia la militancia y los cuadros del partido.
“Esta dirigencia no tolerará corrupción en ningún gobierno de Morena”, sentenció. En ese sentido, llamó a realizar un “examen de conciencia” y a separar de inmediato a cualquier funcionario o militante que incurra en prácticas indebidas.
“Los recursos del pueblo son del pueblo. En Morena los corruptos no tienen cabida”, enfatizó, al advertir que lo que está en juego es la “autoridad moral y política” que permitió al movimiento llegar al poder.
De cara al proceso electoral de 2027, Montiel fijó reglas claras para quienes busquen convertirse en candidatos.
Aseguró que no bastará con ganar encuestas o tener popularidad, sino que será indispensable demostrar honestidad y cercanía con la gente.
“Quien quiera ser candidato deberá tener una trayectoria impecable”, afirmó.
Incluso fue más allá al advertir que, aun cuando alguien resulte ganador en los procesos internos, si existen pruebas de corrupción, no será postulado.
“La honestidad es un mandato ético que no admite excepciones”, subrayó.
La nueva presidenta también insistió en que la selección de candidaturas se mantendrá mediante encuestas, pero aclaró que este mecanismo no responde a una lógica de fama, sino al reconocimiento del pueblo hacia perfiles comprometidos con sus causas.
En paralelo, Montiel reforzó el llamado a la unidad no solo al interior de Morena, sino en torno a la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien expresó respaldo total frente a lo que calificó como amenazas a la soberanía nacional.
“Unidad, unidad, unidad”, repitió en varios momentos de su intervención, al asegurar que ningún actor externo ni campañas de desinformación podrán fracturar al movimiento.
“Tenemos raíces profundas y somos leales a nuestros principios de no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”, dijo.
Además, convocó a la militancia a redoblar el trabajo territorial, fortalecer la organización y mantener el contacto directo con la ciudadanía como base del proyecto. “Nuestra tarea no es de escritorio, es de territorio”, afirmó.
En el mismo acto, Alfonso Durazo, presidente del Consejo Nacional de Morena, tomó protesta a Montiel, mientras que Óscar del Cueto García fue electo como secretario de Finanzas del partido.
En su despedida, Luisa María Alcalde también hizo eco del mensaje central del encuentro: llamó a cerrar filas “sin regateos” en torno al movimiento y la presidenta Sheinbaum, al tiempo que rechazó cualquier intento de injerencia extranjera.

