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jueves, abril 16, 2026
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Andrea Chávez deja el escaño y va por Chihuahua: “100 años de PRIAN se acaban”

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El comentario soltado al oído no tardó en correr como pólvora entre los escaños.

“Adán se quedó sin su Eva”, dijo el senador de Morena, Félix Salgado Macedonio, apenas iniciado el movimiento de la sesión.

Lo hizo tras acercarse a saludar a Adán Augusto López Hernández y, ya en corto, frente a un pequeño grupo de legisladores guindas, dejó ir la frase que resumía, con tono entre jocoso y político, la ausencia que comenzaba a formalizarse en el pleno.

Minutos después, la escena se volvió institucional.

Desde la tribuna, la solicitud de licencia de Andrea Chávez Treviño fue leída con la sobriedad que marcan los procedimientos.

Un documento breve, directo: separarse del cargo por tiempo indefinido a partir de ese mismo miércoles 15 de abril. Sin adornos. Sin rodeos.

Pero lo que siguió distó de ser frío.

El Senado entró en una especie de pausa emotiva. Uno a uno, los legisladores de Morena tomaron la palabra no para debatir, sino para despedir. La narrativa cambió de lo administrativo a lo personal.

El senador Gerardo Fernández Noroña abrió la ronda con reconocimiento: una “compañera destacadísima” que haría falta en la bancada.

Después vinieron los mensajes que dibujaban el siguiente capítulo de Chávez: territorio, Chihuahua, cercanía con la gente.

El chihuahuense Juan Carlos Loera de la Rosa habló de recorrer “cada centímetro” del estado; otros sumaron afecto, complicidad y hasta consejos.

Entre ellos, la senadora Karina Ruiz, quien introdujo otro eje en la despedida: la maternidad.

Porque la licencia no solo marca un movimiento político, sino también personal.

“Bienvenida a la maternidad”, le dijeron desde su escaño. Y esa línea se convirtió en hilo conductor. Varias voces insistieron en la doble dimensión del momento: madre y política, territorio y familia, campaña y crianza.

En ese cruce de caminos se colocó el futuro inmediato de Andrea Chávez.

Mientras algunos destacaban su papel como vocera y operadora dentro del grupo parlamentario, otros adelantaban —sin decirlo abiertamente— el siguiente paso: la construcción de una candidatura en Chihuahua.

La propia narrativa de sus compañeros apuntaba hacia allá, entre recorridos, contacto con la gente y transformación del estado.

La sesión avanzó entre elogios, anécdotas y buenos deseos. Hubo menciones a su calidez, a su juventud, a su capacidad de debate.

Incluso, entre risas y tradiciones, alguien evocó la idea de que su hijo “trae torta bajo el brazo”.

Al final, el protocolo retomó el control.

Sin más oradores, la votación económica se realizó sin sobresaltos. Manos alzadas. Aprobado. La licencia quedó concedida.

Desde la Mesa Directiva llegó el cierre formal: éxito en ambas facetas.

Pero para entonces, la escena ya había dejado algo más que un trámite legislativo.

Entre frases sueltas, despedidas y una metáfora que arrancó sonrisas, el Senado fue testigo de una salida que es, al mismo tiempo, pausa y arranque.

Porque mientras en el pleno se oficializaba una ausencia, en el horizonte político de Chihuahua comenzaba a delinearse una presencia.

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