El legendario salsero Willie Colón fue despedido este lunes en Nueva York con una emotiva ceremonia marcada por la música que lo convirtió en uno de los referentes mundiales del género. Admiradores, músicos y familiares se congregaron a las afueras de la Catedral de San Patricio para dar el último adiós al trombonista, compositor y productor, exintegrante de las legendarias Fania All-Stars.
La despedida estuvo acompañada por algunos de los temas más emblemáticos de su carrera. Entre ellos destacó “La Murga”, conocida también como “La murga de Panamá”, que Colón grabó en 1970 junto al icónico cantante Héctor Lavoe. Una banda de trombones —instrumento que marcó la identidad musical del artista— interpretó la pieza cuando se abrieron las puertas del templo para dar paso al ataúd con los restos del músico, fallecido el pasado 21 de febrero.
Afuera del recinto religioso, los aplausos y la música continuaron mientras el cortejo avanzaba por la Quinta Avenida. Seguidores del artista cantaban y bailaban al ritmo de la salsa interpretada por integrantes de su banda y otros músicos que se sumaron al homenaje público, previo al sepelio que se realizó en una ceremonia privada tras dos días de velatorio.
Banderas de Puerto Rico, Ecuador y otros países latinoamericanos ondeaban entre la multitud. Entre las canciones que resonaron durante el tributo también se escuchó “Che Che Colé”, uno de los temas más recordados del álbum Cosa Nuestra, así como “Idilio”, incluido en el disco Hecho en Puerto Rico.
Aunque entre los asistentes había jóvenes seguidores, la mayoría pertenecía a la generación que vio nacer la salsa en Nueva York y que creció escuchando la música impulsada por el sello Fania Records. Muchos de ellos recordaron cómo Colón ayudó a llevar el género a escenarios internacionales y a consolidarlo como una de las expresiones culturales más influyentes de la comunidad latina.
Entre los asistentes destacó Ángela Lebrón, de más de 80 años, quien detrás del coche fúnebre agitaba una pequeña bandera puertorriqueña mientras intentaba contener las lágrimas. “Estamos despidiendo a uno de los mejores de la salsa. Él puso en alto el nombre de Puerto Rico”, dijo emocionada mientras otros admiradores entonaban los clásicos del músico.
También acudieron seguidores provenientes de otras ciudades e incluso del extranjero. Davis Alvarado y su esposa Yanice viajaron desde Montreal junto a su hijo Ismael, de nueve años, para asistir al funeral. El fan recordó que tuvo la oportunidad de conocer al artista, tomarse una fotografía con él y recibir un autógrafo en uno de sus discos, un recuerdo que atesora como parte de su legado musical.
Antes de la despedida pública, dentro del templo se celebró una misa bilingüe encabezada por el obispo Joseph Espaillat, también originario de El Bronx. Durante la ceremonia, los hijos del músico, Diego y Alejandro Miguel, ofrecieron un emotivo mensaje en el que recordaron que su padre siempre soñó con que su funeral se realizara en la catedral. “Lo logramos”, dijo uno de ellos. Espaillat cerró la homilía evocando el clásico “El día de mi suerte”, recordando la profunda huella que Colón dejó en la historia de la salsa.

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