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La Máquina le quitó el invicto al líder y llegó a ponerse 4-1 arriba, pero acabó pidiendo la hora en un Clásico Joven de locura
Cruz Azul necesitaba una noche grande. Una actuación que despejara dudas y confirmara que este equipo está para cosas importantes.
La consiguió.
Y vaya escenario eligió: el Clásico Joven.
La Máquina derrotó 4-3 al América en un partido que tuvo de todo: golazos, penal fallado, bronca, atajadas, remontada frustrada y un cierre en el que los cementeros terminaron con el rosario en las manos.
Porque Cruz Azul pasó de tener al América contra las cuerdas a sufrir durante los últimos minutos.
Una montaña rusa.
Cruz Azul tomó el control
Desde el arranque, ambos entendieron que este partido no era uno más.
América llegaba golpeado después de la Leagues Cup y con el liderato y el invicto en juego. Cruz Azul tenía claro su objetivo: bajar de la cima a su rival y demostrar que podía competirle de tú a tú.
La Máquina salió mejor.
Movió la pelota, encontró espacios y tuvo mayor claridad en el mediocampo. Joel Huiqui apostó por poblar esa zona con futbolistas de buen pie, capaces de conducir y encontrar líneas de pase.
América, en cambio, buscaba la explosividad de Brian.
Pero el uruguayo se encontró con una auténtica jaula.
Jeremy, Ditta y, cuando hacía falta, hasta Amaury se encargaron de cerrarle los caminos.
Entonces apareció Erik Lira.
Paradela se quitó de encima a cuatro jugadores, llegó al área y metió una diagonal. Lira apareció a la altura del manchón penal y prendió la pelota de primera.
Un misil.
Cota no pudo hacer nada.
1-0 para Cruz Azul.
La tribuna celeste explotó y La Máquina comenzó a creer que podía ser una noche especial.
América intentó responder, pero Mier estuvo atento ante el disparo de Brian. Las Águilas no encontraban profundidad y, para colmo, Dagoberto tuvo que abandonar el partido por una lesión en la rodilla izquierda.
El problema azulcrema apenas comenzaba.
Paradela puso al América contra la lona
Cuando parecía que el primer tiempo terminaría con una ventaja mínima, apareció nuevamente Paradela.
Cruz Azul fabricó la jugada desde un tiro de esquina. Charly encontró a Jeremy, quien devolvió la pelota. Entonces José apareció desde la segunda línea y sacó un zurdazo.
Otra bala.
Otra vez Cota quedó retratado.
2-0.
América estaba contra la lona.
Y pudo recibir otro golpe.
Juárez derribó a Paradela dentro del área y el árbitro señaló penal. Ibáñez tomó la responsabilidad, pero Cota adivinó el disparo y evitó el tercero.
Fue apenas un respiro.
En el siguiente tiro de esquina, Chiquete ganó la posición y empujó la pelota al fondo de las redes.
3-0.
La Máquina estaba arrollando al líder.
El partido incluso se calentó hasta provocar un conato de bronca que hizo vaciar las bancas.
Eso también es el Clásico Joven.
América reaccionó
Parecía liquidado.
No lo estaba.
Almada movió sus piezas y mandó al campo a Zendejas e Ícaro. América necesitaba reaccionar de inmediato.
Y lo hizo.
Juárez puso un cabezazo en el larguero y, poco después, Brian apareció con una obra de arte.
Tiro libre.
Derechazo.
Comba perfecta.
La pelota se metió por la escuadra mientras Mier sólo pudo seguirla con la mirada.
3-1.
El partido cambió.
El América recuperó confianza y Cruz Azul comenzó a sentir el nervio.
Las tribunas también.
Cada ataque azulcrema hacía pensar que la remontada era posible. Cada contragolpe celeste podía significar la sentencia.
El partido se convirtió en un intercambio de golpes.
Mier salvaba a Cruz Azul.
Cota mantenía con vida al América.
Hasta que apareció el cuarto.
El Toro puso el 4-1
Lira mandó una pelota al espacio y el Toro le ganó la posesión a Reyes.
El delantero celeste se fue del central, enfrentó a Cota y lo eludió.
Parecía que iba a caer.
No cayó.
Siguió de pie, aguantó y sacó un disparo raso.
La pelota avanzó lentamente hacia la portería.
Pero entró.
4-1.
La tribuna cementera volvió a estallar.
Parecía el golpe definitivo.
Parecía.
Y Cruz Azul volvió a sufrir
Aquí apareció el gran problema de La Máquina.
En lugar de liquidar, perdonó.
Tuvo oportunidades para hacer más grande la diferencia, pero la falta de contundencia y el exceso de confianza devolvieron al América a un partido que parecía perdido.
Perea y Borja castigaron.
4-2.
Después, otra vez Borja y compañía encontraron la manera de acercarse.
4-3.
De pronto, todo había cambiado.
Lo que era fiesta celeste se convirtió en angustia.
El América se fue con todo.
Cruz Azul retrocedió.
El reloj avanzaba demasiado lento.
Cada pelota en el área era un infarto.
Cada despeje, un suspiro.
El corazón amarillo volvió a latir y La Máquina terminó pidiendo la hora.
Cruz Azul ganó, pero dejó una advertencia
El silbatazo final fue un alivio.
Cruz Azul había hecho lo que necesitaba: derrotó al América, terminó con su invicto y le arrebató el golpe de autoridad que buscaba mantener en la cima.
Pero la victoria también dejó una lección para Joel Huiqui.
Cuando tienes a un rival contra la lona, hay que liquidarlo.
Sin contemplaciones.
Porque dejar con vida al América tiene un precio.
La Máquina ganó 4-3, celebró un triunfo enorme y confirmó que puede jugarle de tú a tú a cualquiera. Pero también comprobó que relajarse en un Clásico Joven puede convertir una goleada en una pesadilla.
Ahora toca cambiar el chip.
Cruz Azul tendrá enfrente al Inter de Miami en el Campeones Cup, en pleno Día de la Independencia.
Y América tendrá que reaccionar rápido: viene el Clásico Nacional.
Después de una noche como ésta, las alarmas ya están encendidas en Coapa.
En La Noria, mientras tanto, hay motivos para celebrar.
Aunque quizá también convenga tener el rosario a la mano.
